lunes, 22 de mayo de 2017

Donde habitaban los bandidos

Domingo, 21 de mayo de 2016. "Donde habitaban los bandidos..." una nueva peripecia rural en forma de segundo acercamiento a la cueva de la excomunión. Una oquedad bajo una imponente peña, situada en lo más recóndito de la Sierra de La Pila. Este dicen que es uno de los escondrijos donde habitaba el bandolero crevillentino Jaime, apodado "el Barbudo", junto con su banda, a comienzos del siglo XIX.

A primeros de diciembre de 2016 realicé la primera exploración de esta cueva. En esa ocasión, vine con la XJ6. La aparqué a comienzos del camino, ya que no me atreví a meterme, con esa moto, y en el estado que estaba la pista entonces. Grandes charcos de agua y bastante barro salpicaban el mismo. Me tocó hacerme los casi 5 km. de ida, y otros tantos de vuelta, andando, encontré el acceso, casi de casualidad, y me prometí volver en otra ocasión, cuando tuviera una trail y con la pista en mejores condiciones, ese momento, ha llegado hoy

Desde el acceso a la cueva, se tiene una privilegiada visión de la cercana sierra de El Carche, mirando hacia el norte. A pesar de estar situada debajo de un gigantesco peñón, la entrada se encuentra casi oculta por la abundante vegetación. Si no conoces el acceso, no encuentras la cueva hasta que estás prácticamente encima.

La pista se encuentra en muy buen estado, es de tierra compacta con algo de piedra suelta, pero accesible para casi cualquier vehículo con un poco de cuidado. Evidentemente, si tienes una trail, o un vehículo SUV mejor.

Una vez dentro de la cueva, tengo la sensación de que Natura y los elementos quieren enterrarla. Hay huellas de desprendimientos de rocas y mucha acumulación de arena, tierra y vegetación que la han empequeñecido. Tengo la impresión de que en tiempos de Jaime "el Barbudo", esta cueva era considerablemente más grande. Hay olores a hollín, madera quemada, humedad, ... se oyen sonidos de agua goteando, moscas zumbando, aves emitiendo sonidos diversos, y las pisadas levantan pequeñas polvaredas. Una sensación de soledad, desasosiego e incertidumbre me invade, tanto por la estancia en la propia cueva como por el pensamiento de cómo vivirían aquí un grupo de personas que tuvieron que echarse al monte y dedicarse al bandidaje.




La CRF frente al punto de acceso a la
senda que asciende a la cueva.



El pequeño montículo de piedras es la
única señal de que "algo hay".



Me llamó la atención este pino roto, quizá,
por alguna tormenta, en la senda de acceso.



Incluso en las inmediaciones de la misma,
no se sospecha de su existencia.



A escasos metros de la entrada, se aprecia
el imponente peñasco bajo el que se encuentra.



Estado actual, con restos de hollín, hierbas
y desprendimientos que la empequeñecen.



El fondo más al fondo con restos de 
humedad, moho y más hollín.



Mirando hacia la salida, desde el fondo.



Desde la entrada, se aprecia la cercana
Sierra de El Carche.



Rodeando la cueva, hay una imponente
mole de piedras, al borde de un barranco.



De vuelta de la cueva. El camino no tiene
salida, continúa algo más adelante.








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